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Conciencia o Consciencia

 

Conscientĭa

La Conciencia (del latín conscientia ‘conocimiento compartido’, pero diferente de la definición de consciencia, ser conscientes de ello) se define, en términos generales, como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno, darse cuenta, pero también se refiere a la moral o bien a la recepción normal de los estímulos del interior y el exterior. Conscientĭa significa, literalmente, «con conocimiento» (del latín cum scientĭa).

Lo que representa nuestro logo (geometría sagrada):

Este símbolo sagrado representa la realidad de lo que es La Conciencia, la unión con el Ser, en el que se encuentran diferentes niveles de entendimiento, verdad y sabiduría.

El elemento circular externo (colores) se encuentra dividido en partes, brindando la apariencia donde diversas energías se encuentran rotando y danzando entre sí. En un movimiento continuo se muestra la idea de impermanencia y cambio. Estas energías en su expresión más pura son las responsables de lo que sucede en la creación, en ellas se encuentra todo lo manifiesto y el infinito potencial que puede, pudo y pudiera llegar a existir.

Ellas son las responsables de crear, mantener y destruir todo lo que es, dando vida y forma al Universo. Gracias a la su naturaleza sabia es que todo se encuentra en un Orden Perfecto.

Las energías nacen del Vacío, de la Nada, del Silencio, de la Infinitud (espacio dentro del círculo); de mayor intensidad a menor intensidad (colores), reflejando los aspectos negativos y positivos de las energías aparentemente opuestas de la creación.

La luz y las tinieblas, la vida y la muerte, lo de la derecha y lo de la izquierda, que son en sí mismas hermanas entre sí; podemos darnos cuenta como no puede ser posible separar las energías, por tanto, ni lo bueno es tan bueno, ni lo malo es tan malo, ni la vida es vida, ni la muerte es muerte. Todas las energías se necesitan y se complementan entre sí, la existencia de una depende de la existencia de la otra.

Podemos observar cómo estas energías surgen y al mismo tiempo convergen en el espacio vacío, el cual es representado por el hueco en el centro del círculo. Por consiguiente se muestra que las energías, danzan alrededor del vacío.

Todo lo que es surge de ese Espacio Infinito sin cualidad brinda la plataforma de la perfección. Este espacio es lo único que no está sujeto a la ley del cambio y de la impermanencia ya que su esencia es inamovible, eternamente quieta, siempre presente, atenta, observante, atestiguando y todo incluyente, sin principio ni fin.

Esta visión de lo manifiesto en constante juego con lo no-manifiesto, nos recalca que no hay nada más importante que el espacio del que todo surge y lo que rodea, esa Nada-Llena permite que todo se de. Esta sabiduría celestial es mantenida y dirigida en perfecto orden y sentido por el Vacío Eterno, el Uno, el Absoluto; La Conscientĭa.

Este símbolo muestra la armonía que sucede en todos los diferentes niveles de percepción, debido a la sabiduría que rige, sostiene y dirige a todo en la creación, podemos ver un propósito específico en cada cosa que existe. Con la unión de los opuestos y la energía que los mantiene, podemos notar un balance dinámico y una sutil armonía en cada aspecto que conforma al Todo.

Podemos ver en éste símbolo la representación del proceso continuo e infinito del juego de la vida: crecimiento, muerte, expansión y evolución.

Este símbolo contiene gran poder, representa la culminación de lo que la Conciencia es. Al descubrirse uno en unión con la Conciencia, la materia es transmutada, reservas de energía inagotables son puestas a disposición de quien se aproxima con reverencia y con un claro propósito establecido de despertar y recordar la naturaleza divina de todas las cosas. Así mismo éste hace la función de crear el puente de uno con el Ser, y poder reavivar la relación y recordar el propósito que tiene uno mismo para con el Todo.

Lo que el símbolo invita es a aplicar la perseverancia, buscar el reencuentro, donde uno contempla al Ser y se recuerda en el espejo del mundo. La entrega total a lo que representa el símbolo, puede romper las cadenas dentro de la psique que nos han impedido darnos cuenta de esta verdad.

La rendición total al Ser Supremo hace que cualquier cosa que tenga que ser sanada o purificada pueda suceder, así como la experiencia de expansión y amor que no tienen fin. Gracias al amor cósmico de la Conciencia, uno puede finalmente recordar el mundo de la divinidad y de lo sagrado.

El interior del círculo del símbolo es la entrada a la Conciencia, donde todo surge y todo es consumido. Donde todo, absolutamente todo se tiene que dejar atrás para poder entrar. Sumergirnos en el vasto océano de paz dentro de nosotros, hará que otras puertas dentro de uno mismo puedan ser descubiertas.

Muchos han accedido y descubierto todo eso que existe una vez que atraviesas la puerta o te sumerges en ese océano. Grandes Maestros, Yoguis, Santos, artistas, … de todas las culturas y de diferentes tiempos han dejado huellas a seguir, sus experiencias son motivo de inspiración para que uno pueda aspirar a eso que reflejaban. Gracias a sus pasos es como algunos han podido encontrar dicha realidad; el Ahora.

Todo lo que buscamos se encuentra en dentro de cada uno de nosotros, sin condiciones. Nuestra Conciencia Infinita espera liberarse de las cadenas del ego para entrar y recordar el reino de la perfección.

Al suceder esto, una mente libre de condicionamientos limitantes puede acceder a talentos y capacidades ya latentes dentro de sí. 

Al momento que uno se vacía de uno mismo, uno se puede volver recipiente para que la energía más pura de la creación pueda pasar a través de un sistema nervioso limpio, dando paso a la intuición, al amor, a la sabiduría, las cuales poseen muchas claves para resolver cualquier tipo de problema de estos tiempos.

Los colores muestran la semejanza con el Sol, símbolo de la Conciencia despierta y reflejo de la máxima realidad. Con la integración de todo lo antes mencionado, el Ser es liberado, su poder de atención y conciencia es finalmente despertado.

Su naturaleza inmortal y eterna es reconocida, trascendiéndolo todo, nada muere, nada nace, nada es, nada sucede, nada sufre, nada se crea, nada existe. Así de poderosa y pura es la realidad del Infinito, el reino de la Inmortalidad.

Miro eso que sigue una vez que me dispongo a cruzar la línea de lo antiguo a lo nuevo, veo la marca y la invitación a subir al siguiente paso en la escalera del Cosmos. No hay ninguna ley o norma que pueda limitar al amor liberado, la energía fundamental que envuelve, sostiene y lo conecta todo.

 

El Infinito como unidad de lo supremo, también conocido como El Devorador ya que lo consume y devora todo a su paso, porque en él no pueden existir límites ni fronteras. Eternamente quieto, no encuentra principio ni fin; el fin se convierte en principio y el principio original se mueve al fin sin interrupción. Éste es el sonido, la sílaba y el símbolo sagrado de la Verdad máxima.


En rendición entro al hueco del Silencio Absoluto y me permito ser guiado por su sabiduría. Fluyo sin cuestionar con las corrientes incomprensibles del Universo.

Exploro el campo de juego de la Conciencia, descubro la inocencia y el asombro que unos ojos puros sin ego brindan. Descubro la naturaleza divina de todas las cosas, me dejo consumir por el fuego del amor y en honor me hinco ante la Conciencia, la Nada, el Silencio.

Por esto puedo vivir atento, despierto, contemplando y en conexión con el Uno y descubriéndome en el misterio de Dios.

∼ Maghavat

 

 

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