¿Cómo encontrarle sentido a la vida?

En lo más profundo de nosotros, pareciera que hay algo que falta, hay algo que no embona, como si faltara una pieza clave dentro del rompecabezas de nuestra existencia. Esto hace que nuestra vida carezca de sentido, sinceramente podemos notar que hay algo que no permite que podamos vivir plenos y completos.

Este panorama crea dudas, carencias, miedos, cuestionamientos, desesperanza, inclusive llegar a experimentar dolor y sufrimiento.

¿Qué podemos esperar de nuestras vidas, si el sentimiento primordial no ha sido respondido? ¿Cuál es el motivo de la vida? ¿Qué hago aquí? ¿Quién o qué soy?

Estamos desconectados de nosotros mismos, no sabemos quiénes somos, vivimos creyendo que somos un alguien, que somos ideas, que somos anhelos, sueños, que somos nuestro pasado y seremos alguien en el futuro.

Vivimos constantemente en una corriente incesante de pensamientos que nos impiden descubrir la vida tan fantástica y maravillosa siempre Presente ante nuestros ojos. Al no poder descubrir conscientemente nuestro lugar en el mundo, al no saber y reconocer nuestra naturaleza, un vacío nubla y se apodera de lleno de nuestro experimentar. Nada nos satisface, nada es suficiente, todo es monótono y hueco.

En lo más profundo de nuestro Ser existe hay una pregunta que constantemente pone a prueba nuestra manera antigua de pensar y reta a la humildad: ¿habrá una manera diferente de vivir? Pareciera que la vida refleja que debería haber algo más por ser descubierto.

¿Qué pasa entonces? Al vivir la vida en base a miedos, preocupaciones y apegos, no podemos disfrutar de lleno lo que la vida es, porque no nos hemos encontrado, no nos hemos plantado firmes ante el mundo desde la experiencia inocente de una mente serena.

Vemos la vida a través de los filtros mentales de la insuficiencia, del diálogo interno de la dualidad. Así actuamos y decidimos en función de nuestras ideas y creencias mentales, creyendo que nos definimos y nos encontramos en el dinero, en la pareja, en los amigos, somos y nos encontramos en el conocimiento.

Creemos que objetos externos e internos (creencias) nos dan el sentido de existir, el sentido de ser y estar, sutilmente creemos hemos creído que somos mente y ego.

Es por eso que nuestro interior pareciera que no está completo, nuestra mente está inconsciente y dormida ante la realidad de su propia naturaleza. Constantemente trata de encontrarse dentro de sí misma, que es lo único que conoce. Nunca podrá encontrar eso que busca, llámese: felicidad, autorrealización o simplemente la plenitud, porque lo que busca está dentro de sus propios límites.

Está incansablemente buscando dentro de los conceptos, en las ideas y en el análisis interpretativo de la vida.

Los conceptos no nos pueden dar la experiencia viva y directa del propio concepto; los conceptos de felicidad, amor e inclusive de Dios mismo, no son más que una caja vacía de experiencia. Aunque los conceptos se pueden convertir en los señalamientos que indiquen el camino a seguir, éstos indicando hacia la fuente de la experiencia de donde el concepto proviene, por consiguiente notaremos que los conceptos mentales jamás tendrán la facultad de brindarnos la experiencia viva y directa de lo que buscamos. La muestra está en que seguimos buscando, en caso contrario, estaríamos experimentándonos conscientemente nadando dentro de las aguas eternas de paz y de amor.

La realidad, la Vida

La realidad de la vida está siempre enfrente de nosotros, al vivir la vida a través de los filtros de la mente egóica, siempre estamos soñando con “algo” mejor. Buscar una idea de “algo”, ésta en sí ya trae consigo otras ideas preconcebidas sobre cómo se tiene que ver este “algo”: qué y cómo debe ser, cómo debe sentirse, etc.

Entonces en sí mismo la idea o concepto a seguir ya ha sido limitado a nuestra idea de cómo según tiene que ser. Cuando buscamos a Dios, la Felicidad o el Amor, tenemos ideas preconcebidas de cómo se tendría que ver eso también. Al buscar dentro de los límites de nuestra propia mente, los objetos a buscar estarán dentro de los límites de la mente que los busca.

Uno sólo ve lo que puede ver en relación a lo que conoce. La inconsciencia (vivir desde y en la mente) nos mantiene ciegos a la Verdad.

La vida, ¿cómo la vivimos?, a través de conceptos, ideas, análisis, juicios e interpretaciones, hacen que no experimentemos frescura, novedad, inocencia, expansión, pasión, ni conciencia de la unión evidente de todas las cosas. Al no saber que el propósito de nuestra existencia es despertar a nuestra naturaleza consciente y libre, viviremos sin sentido, sin rumbo, sin camino, sin dirección, nadando en aguas profundas, ciegos y sin tierra donde poder pisar.

Nada de lo que busquemos fuera de nosotros nos dará la experiencia de lo que dentro de uno se encuentra. El ruido mental nubla la conciencia interna, la claridad de la vida y la naturaleza divina del mundo.

Si por un instante el ruido mental y la neblina inconsciente desaparecieran, si tu mente se detuviera por completo y estuviera quieta, ¿qué descubrirías?, ¿qué hay en esa experiencia donde el pensamiento ha cesado?, ¿qué hay en la ausencia del pensar y del parloteo interno?

Probablemente por primera vez te mirarías al espejo de la vida y reconocerías tu naturaleza divina, real y total. Un Ser libre, un Ser de amor, un Ser completo y con potencial incalculable. No hay desgracia más profunda que no saber quién es uno y cuál es la relación de uno mismo con todo lo demás.

Inconscientemente estamos haciendo todo lo posible por no conquistar nuestra mente dispersa y distraída.

Parémonos fijos en este instante en el tiempo y descubriremos el mayor sentido de todos, la libertad soñada de nuestro propio Ser. Toma distancia de los pensamientos, nota que eres algo más que la mente y las ideas y descubre al Observador en medio de toda experiencia.

~Maghavat

 

 

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