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La inocencia

El ser inocente es la clave para no tener una vida estresante, monótona y sin asombro.

Pasamos la mayor parte de nuestra vida tomándonos las cosas tan en serio que hemos entrado a una experiencia de estrés y preocupaciones. Dando paso al olvido de cómo era la vida cuando éramos pequeños.

A qué me refiero cuando digo que nos tomamos las cosas muy enserio. A temprana edad nos identificamos con la mente individual o el ego, el cual vive dentro de sí mismo. Haciendo que la vida sea filtrada a través del los patrones y pensamientos de los cuales éste se fue componiendo.

La juventud

Un ejemplo sería en la juventud, ahí fuimos aprendiendo la competencia (a veces la superioridad e inferioridad), empezamos a ser educados en relación con la comparación, decidimos que tanto valemos dependiendo de los logros o las derrotas, creímos que ser alguien significaba las medallas, títulos o resultados esperados, haciendo de las calificaciones escolares o del deporte medios por los cuales podríamos lograr ser alguien, satisfacer o recibir atención y reconocimiento. Creando una carta de presentación ante la sociedad que está compuesta por lo que creemos que somos o deberíamos ser.

Recuerdo muy bien que mi padre se tomaba muy enserio las calificaciones escolares, resultando en premios cuando sacaba buenas notas o castigos cuando sacaba malas. Noté que para él esto era muy importante, no llegaba a comprender totalmente el porqué un número significaba tanto en la vida, al grado de llegar a la violencia y al castigo. Paralelamente a esta situación me di cuenta que en el deporte mi padre se comportaba de una manera muy diferente cuando ganaba alguna competencia en artes marciales o premios en el Foot-ball.

Para mí era más fácil en esta rama conseguir el reconocimiento que en la educativa, así que puse todas mis energías en ser bueno en los deportes. El sentimiento de pertenencia, aceptación y reconocimiento era muy palpable.

Tomé esta situación nada a la ligera ya que pude observar donde se encontraba la fuente de la aceptación, sin darme cuenta mucha de mi energía estaba en complacer a los demás, mi comportamiento, mis maneras, mis acciones, mis palabras, etcétera., tenía que siempre dar lo mejor de mí y tratar de no cometer errores ya que éstos me podrían llevar a la burla o al rechazo.

Esto me ayudó de diferentes maneras, algunas positivas y otras negativas. Gracias que ahora tengo la claridad y descubrí la manera en cómo todo esto llegó a impactar de diferentes maneras mi vida, a mi mismo y a los demás.

Para mí fueron los deportes, para algunos será el trabajo, para otros serán los resultados en algún proyecto, el ejercicio, maneras de comportamiento, la educación, el dinero, los regalos, los amigos, los viajes, las fiestas, el invitar a los demás, etcétera. Ya que estos son, fueron y serán, los medios por los cuales obtengo lo que busco. En un contexto más profundo me dan el sentido de existir, creo máscaras o personalidades dependiendo donde me encuentre y por consecuencia será mi punto de conexión en donde obtendré algo de los demás.

Cómo no nos vamos a tomar la vida enserio si toda nuestra energía está en la idea de que nuestro curriculum de experiencias nos definen y nos hacen sentir que pertenecemos dependiendo del contexto en donde nos encontramos.

Todo esto sucede dentro de nuestra mente, todo lo que aprendimos corre como disco rayado detrás de nuestra conciencia. Creando un diálogo inconsciente que nubla nuestra naturaleza pura e inocente e impide estar abiertos y frescos ante la vida.

Y que pasa, la mente se ha vuelto rígida, cerrada e inflexible por el hecho de que la realidad interna es supuestamente verdad. Tememos a hacer el ridículo, tememos mostrar tal cual somos por miedo a no ser aceptados, rechazamos actuar sin máscaras por la posibilidad de ser empujados fuera del círculo de la sociedad, en total miedo a mostrarnos tal cual somos, libres y sin condiciones.

El juego sin máscaras (sin ego) no está bien visto; la ligereza, la transparencia y la simplicidad pareciera no ser aceptada. Creer que el dolor y lo complicado es una de las maneras de experimentar la vida, el vivir bajo sistemas selectivos donde premiamos o castigamos hace que se apaguen las ideas y la creatividad que nuestro ser más puro quisiera expresar se ve opacada.

La mente al creer que es una idea, un individuo o la acumulación de creencias no permite descubrir lo que sería un fluir con la vida sin barreras, la apertura, la energía viva y explosiva que surge una vez que no tratas de ser alguien que supuestamente eres y que según se espera de ti, el permitirte ser y vivir sin máscaras es lo que trae una tranquilidad y aceptación que no se pueden explicar con palabras, el dejar la necesidad de controlarlo todo hace que nuevos caminos y nuevas formas aparezcan en nuestra realidad. Ya que lo único que lo bloquea es la pañoleta de la insuficiencia que nos ciega de esta verdad.

Cuando vivimos en los pensamientos, como dije anteriormente, nos perdemos de vivir inocente y atentos al presente. Ya que el ego vive en los confines del tiempo, en los pensamientos, los conceptos, sus opiniones fijas. El presente, el Ahora está más allá del tiempo y del espacio y la entrada es la Inocencia, la jovialidad y el gozo detrás del juego.

Así es la manera en cómo estamos destinados a vivir, sin miedo, sin requerimientos, sin culpa, sin tratar, sin controlar, sin las ideas de ser alguien que no somos, sin el peso que trae el sostener como verdad una idea de nosotros mismos que ha sido solamente aprendida.

Olvido

Nos hemos olvidado de cómo era nuestra experiencia de niños. Vivíamos en inocencia, abiertos, atentos, puros y llenos de asombro. Y si te das cuenta en los ejemplos anteriores es muy diferente a cuando éramos bebes, la vida no estaba condensada a los filtros de pensamiento, no había programaciones ni positivas ni negativas, no había una idea de un yo.

Por consiguiente el miedo a mostrarnos como sea en cada momento sin importar cómo nos veían es algo que ni siquiera pasaba por nuestra cabeza, ya que no había nadie ahí. Podíamos gritar, saltar, jugar, enlodarse, romper, caernos, levantarnos, pintarnos, … ;no teníamos que mostrar formas ni condiciones, no había ningún aspecto de carencia ya que cada instante era vivo, fresco, nuevo, misterioso, asombroso y motivo de gozo y alegría.

La vida en inocencia nos permite estar siempre abiertos, nos ayuda a aprender nuevas cosas, el estrés y el peso del mundo deja de tener importancia, y eso porque no hay ninguna programación mental que se adueñe y juzgue lo que está sucediendo. La inocencia te permite no tomarte nada personal, hace que no sea pesado o estresante, ya que todo es un juego, toda experiencia es motivo de exploración y se saborea más desde la apertura. Lo único importante es descubrir este momento, abiertos y atentos para no perdérnoslo.

Esa cualidad de inocencia y apertura que nos caracterizaba de niños, ahora toma nuevos tintes. Claridad, creatividad, fortaleza, humildad, viveza, magia, tranquilidad, paciencia, fluidez, apertura, juego, aventura, descubrimiento y mucho más.

La inocencia es la clave de todo, es la ventana al asombro, al amor, a la armonía, al potencial, a la Presencia. Esto lo ves en todos los niños. A no ser que tu naciste adulto, significa que estas cualidades tú también las tenías, simplemente es recordar eso que por un tiempo ha sido olvidado. La inocencia da paso al pasado y no permite irte al futuro. Te obliga a saborear con todo tu ser el Presente. En la magnificencia de este momento notarás que no queda nada más que tú y el Ahora.

Tú eras y sigues siendo inocencia, apertura y amor. He aquí la clave al vivir.

~ Maghavat

 

 

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