Las relaciones

Empecemos este artículo de una relación con la persona frente de uno. ¿Quién es “el prójimo”?, ¿quién es esa persona frente a mi?, ¿qué lo hace quien es?, ¿porqué de su comportamiento?, ¿por qué tengo ciertas preferencias y a veces siento rechazo a algunas personas o circunstancias?, ¿quién soy yo ante los demás?

Para encontrar estas respuestas y otras más, primero empezaremos en voltear a vernos a nosotros mismos, profundizar en el tema y mirarse en el espejo de la vida. Para entender las relaciones, primero, uno tiene que tener una relación más íntima con uno mismo.

¿Has podido aunque sea en algún momento verte en alguien?, ¿puedes observarte como si fueras una gota que proyecta un reflejo de la luz? ¿Has podido reconocer que todo lo mostrado en el mundo es un reflejo de quien lo mira?

A veces uno no percibe al mundo como una proyección exacta de lo que nos compone, con los condicionamientos y creencias que se encuentran instaladas en uno mismo. Toda esta falta de conciencia hace que vivamos como víctimas ante la vida, culpando y responsabilizando al mundo por nuestras situación. Experimento amor cuando alguien me aprecia, experimento tranquilidad cuando tengo algo de control en alguna situación, …

El ego como supuesta-creencia identidad de uno mismo, hace que cierta percepción surja y confunda la naturaleza real y divina de la todas las cosas, esa percepción que está más allá de las ideas y cuando desaparece el sentido de un yo-personal que pasa por la mente.

La mente en la etapa donde se experimenta en un estado máximo de inocencia pasa por un proceso muy complejo de asimilación, donde ésta se encuentra constantemente atenta a todo lo que sucede dentro de sí en relación con todo lo que sucede a su alrededor. Uno de esos aspectos son los pensamientos (ideas, conceptos, imágenes, emociones, etc.), hablaremos de este aspecto ya que es muy importante, ya que llega un momento en el que al poner toda nuestra atención a ellos por un tiempo largo uno llega a identificarse con ellos, dando paso a creer que UNO es eso que pasa por la mente, creyendo todo el diálogo interno que la pseudo-personalidad, el ego, continuamente lanza. Por consiguiente, éste paso, es lo que hace que nos olvidemos de nuestra relación con quienes somos, no con quién creemos ser.

La mente cuando se encuentra en un estado de apertura incorpora todo lo que el entorno enseña, expuesta a diversos estímulos, constantemente se ve impactada y moldeada que llega a aprender de maneras específicas en cómo debe relacionarse con la vida. Muchos de esos estímulos pretenden enseñarnos cómo se consigue y qué es la felicidad, la paz y el amor, promoviendo la constante búsqueda de ellos en el mundo, porque según se encuentran fuera de nosotros y que para adquirirlos hay ciertas cosas que uno tiene que hacer. Por lo tanto, nuestro bienestar se verá condicionado haciendo que no se logre ese objetivo de manera permanente y lo que implica es vivir en una limitación no reconocida.

El ego- identidad esta compuesta por un simple y complejo sistema de creencias aprendido a lo largo de nuestra vida, el cual nos enseñó que somos algo o alguien (idea) que necesita aprender a relacionarse con el entorno y con sus diferentes reglas. Esta construcción de esquemas compuesta por condicionamientos mentales, así como emocionales, hacen que veamos la vida por filtros sutiles e incongruentes.

La atención al estar inmadura dentro de las cualidades de estar presente, quieta e inamovible, se ve constantemente distraída por todos los pensamientos que pasan a través de ella. Este movimiento imparable por parte de nuestra atención hace que uno se sumerja en la corriente de pensamientos del pasado y del futuro que pasa por nuestra conciencia, impidiendo que uno se encuentre anclado siempre en el Presente-Continuo.

Amor

Imagina que un pequeño está en la etapa de aprender lo que el amor es, gracias al ejemplo de su padre, éste se lo muestra como algo que tiene como base premios y castigos, premios cuando saca buenas calificaciones o cuando gana algún premio en el deporte o castigos por no obtener buenas notas en la escuela, ser de cierta manera o resultados óptimos en cierta actividad. Esa mente inocente que está aprendiendo de la vida concluye que para merecer u obtener amor tiene que hacer méritos.

Entonces esta mente en un nivel sutil e inconsciente intentará hacer todo lo posible para poder obtener el reconocimiento y el amor de su padre a través de lo que se espera de él. Esto lo podemos ver en casi todo tipo de situaciones: en las relaciones, con los padres, los amigos, compañeros, la pareja, en el trabajo, la sociedad, socios, sistemas educativos, etcétera.

Al ver este ejemplo podemos ver que todos nosotros hemos atravesado algunas experiencias a lo largo de nuestra vida con la misma o una cualidad parecida al ejemplo antes mencionado. Este tipo de experiencias van a ir moldeando al niño de corazón abierto y de un amor sin límites a la contracción, ese sentimiento reprimido que surge como el comienzo de una vida que se explora dentro de una caja de limitación. Ha olvidado la relación consigo mismo a tal grado, que se olvidó de sí mismo y se busco en lo demás. Estas experiencias lo habrán convertido en un adulto que inconscientemente actuará a través de ciertos conceptos erróneos del amor y sus variantes.

El Amor en su forma más pura, gracias al condicionamiento limitante, se habrá visto reducido, ya sea en el dar o al recibir, ya que ante cualquier experiencia todo primeramente pasará y será filtrado por los mecanismos de aceptación o rechazo que la mente aprendió a temprana edad. El entorno en el que creció la pequeña criatura ayudó a que ésta aprendiera que el amor se gana o se pierde en relación con logros o fracasos. Esto por obvias razones ocasiona que la experiencia y el potencial de esa mente inocente se vea limitada por la falta de claridad que su entorno no supo brindar.

Cuando no estamos conscientes de este proceso que sucede en niveles profundos, el buscar amor y armonía en nuestro alrededor hace que empecemos a buscar el bienestar fuera de uno y que uno mismo debe actuar de cierta manera para obtener lo que se desea.

Muchos de nosotros tuvimos que crear ciertas máscaras tan sofisticadas para cada ocasión y así obtener sentido de conexión, pertenencia y amor, al grado en que en algún momento ya no sabíamos entre tantas ideas y máscaras quienes somos en realidad. Este tipo de condicionamiento, mental como emocional, promueve la necesidad y el apego, haciendo que usemos a las personas y a algunas circunstancias como medios para obtener lo deseado y la relación tan deseada que buscamos parece que no la podemos encontrar.

Este panorama y ejemplos antes mencionados nos brinda cierta claridad de que hay algo que impera en la mente inconsciente de las personas. Si no abordamos el tema de la manera en que se está dando, no podremos reconocer las primeras preguntas al inicio de éste artículo, ni obtendremos claridad de quién es el prójimo en relación con nosotros.

Todo va relacionado y desde la perspectiva que lo pongo todavía más. Ya que si hay alguien que internamente tiene “X” tipo de creencias, conclusiones, posiciones y opiniones respecto a algo en concreto, ¿cómo crees que se relacionará “X” persona con los demás?, ¿cómo crees que actuará “X” persona con su pareja cuando aprendió de su madre que los hombres no son de fiar?, ¿qué tipo de relación tendrá un niño cuando interactúe con sus amigos, si aprendió de sus padres que para aceptar a alguien uno tiene que ser y actuar de cierta manera? ¿Cómo crees que “X” persona ve a los demás si se ve a sí mismo de “X” manera? Esto llega a pasar por diferentes aspectos y filtros de experiencia, como el dinero, la religión, el estatus social, posesiones, poder, reconocimiento, apariencia, ideologías, el físico, la inteligencia, etc.

… (continuará)

∼ Sarkhan